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OBRAS EN COLECCIONES
De entre sus series fundamentales caben destacar La señoritas
de la barra, de 1987, grabados al aguafuerte y aguatinta
editados y presentados por Estiarte aquel año. En
ellos se muestran divertidas insinuaciones y relaciones
personales en los bares y locales de Madrid, mediante la
escenificación de actitudes tópicas: traición,
seducción, amistad o exhibición. En 1988 la
serie Los radioescuchas, lleva al gran formato asuntos como
la cena en casa, el revolcón bajo la mesa, una ducha
caliente, el viaje en coche, la conspiración femenina,
una conversación de bar, en dibujos al aguafuerte
de rápida ejecución y extraordinaria viveza,
así como retratos de personajes tipo como el calavera
nocturno, la bella decadente, el motero encallecido, la
morena fatal y el fumador empedernido, resueltos como vidrieras,
con un grueso trazo emplomado y colores luminosos. En 1992
las galería Moriarty y Estiarte exponen sus series
de Tatuajes, en los que Javier de Juan relata cuentos de
marineros y aviadores, de ladrones y expresidiarios, bailarinas,
camareras, juerguistas, toreras y ángeles de la guarda
sobre el skyline de Madrid.
A partir de 1993, Javier de Juan aborda el tema del viaje
de una manera más introspectiva, desde el interior
de unos personajes que se acomodan en los asientos del coche
o vuelan sobre las alas de un avión. En ellos, el
artista despliega el "itinerario de un territorio emocional,
en busca de uno mismo y del otro" dice Guillermo Solana
en el catálogo de la retrospectiva que en 2003 le
dedica a Javier de Juan el Casal Solleric en Palma de Mallorca.
Estos itinerarios emocionales se extienden, a partir de
2003, con la serie Paraísos artificiales, título
para distintas series de gráfica en Estiarte y habitáculos
reconstruidos como pequeñas habitaciones en Max Estrella
aquel año. En ellos la memoria y la intimidad del
espacio personal se reproduce en la biblioteca, el bar y
el compartimento del tren, mostrando "el enfermo del
pasado" que es Javier de Juan y la nostalgia del lugar
donde se ensueña: "El artista hace una ocupación
literaria de los espacios que quedan entre las cuatro paredes
de los correspondientes contenedores, porque, por último,
son estructuras narrativas: en todos, se puede coger un
libro y empezar a leer historias o mantener una relación,
del tipo que sea, con alguien con quien se comparte transitoriamente
el lugar que cada cual fabrica a su antojo", comenta
Menene Gras Balaguer.
Oros y Espadas de 2004, e Instantes Congelados de 2005,
han sido sus últimas series, en las que a través
de la pintura, el dibujo y la investigación en nuevos
soportes, vídeo incluido, Javier de Juan continúa
sus relatos de personajes, sintetizando, conceptualizando,
despojándolos en lo esencial y rodeándolos
de una signografía marginal como modo de sugerir
interpretaciones más abstractas residentes en los
valores simbólicos de tipos cada vez más concentrados.
En Instantes Congelados, el texto -textos referidos a la
mitología clásica-- entra como elemento fundamental
de intelección de la pintura de las olas del mar,
solas, como espacio de meditación.
Su más reciente trabajo, que ahora presenta Estiarte
con el título Boxing, se compone de más de
una docena de dibujos sobre papel realizados con grafito
y café instantáneo diluido en agua. En ellos,
Javier de Juan, retoma el dibujo rápido, suelto,
muy vivo del gráfito para personajes que luchan en
combates de boxeo, metáforas de una búsqueda
propiciada mediante los textos que presiden cada encuentro:
"Cuando los hombres empezaron a ser hombres, los hombres
empezaron a hacer dibujos. Y en las paredes y los techos
de sus casa plasmaron sus deseos: los animales que habrían
de cazar, las peleas en las que vencerían a los de
la cueva de al lado, las mujeres que preñarían
después, o simplemente la huella de una mano como
forma de perdurar eternamente... tengo el convencimiento
de que el dibujo es la expresión primordial de lo
simbólico. De que el dibujo es la esencia del arte.
Es la primera manifestación material que plasma los
deseos que surgen como chispazos en el alma del hombre,
incluso antes de que el lenguaje hablado... La palabra resignifica
la imagen y la imagen se reinterpreta de nuevo a la luz
de la palabra, emergiendo un todo nuevo, producto de esta
simbiosis o sinergia, como gusta decir ahora... la imagen
y la palabra unidas son el verdadero lenguaje de estos tiempos
de saturación visual y mental" escribe Javier
de Juan.
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